lunes, 9 de septiembre de 2013

UN EXORCISMO NOS VIENE BIEN


“Si Uribe de nuevo se lanza a la presidencia, vuelvo a votar por él”, esta frase, más popular que de costumbre por estos días, retumba en mis oídos como un garrotazo sonaría en mi cabeza. No estoy en contra o a favor de ningún movimiento político, simplemente me he llenado de razones para dejar de creer en nuestros gobernantes y también en quienes los eligen, que es el pueblo. Deduzco que Colombia necesita un exorcismo, pareciera que el más oscuro de los espíritus se hubiera apoderado de la conciencia de los ciudadanos porque no encuentro motivo alguno para que la gran mayoría anhele un gobierno que debe quedarse en el pasado, para olvidar la vergüenza de la parapolítica y de sus implicados encarcelados, de los falsos positivos y de la creación de un sistema de salud que más que eso parece una máquina de tortura de la inquisición.

 Por estos días de paros en el país, han salido a flote las inconformidades de toda una nación: la agricultura, los cafeteros, los camioneros, instituciones educativas, etc., y de ñapa los vándalos aprovechándose de la situación  para participar en lo que mejor saben hacer, desastre. Meditando un poco, el Gobierno de Álvaro Uribe fue ensalzado por su carácter firme y beligerante hacia los grupos insurgentes, que cuando éste tomó su posesión en el 2002 tenían al país sumido en un miedo irreparable. Tuvo ocho años (dos períodos presidenciales) para que sus estrategias de acabar la guerra dieran frutos y a nuestros días la guerrilla sigue viva ¿cuántos años más necesitaba? Por otra parte, el Gobierno de Juan Manuel Santos reemplazó las armas por la mesa de los diálogos de paz, mientras se escriben líneas de acuerdos, los muertos en Colombia siguen sumando, entonces ¿cuántos muertos más necesitamos para acabar la guerra? Ahora la pregunta del millón, ¿Cuál gobierno dio mejores o peores resultados? Nada ha cambiado, todo está donde lo dejaron.

De nada sirve poder viajar tranquilos por las carreteras de Colombia, si en las clínicas y hospitales la gente muere porque nuestro sistema de salud es el peor, que en muchos rincones de nuestro país sigan muriendo de hambre niños, esos mismos que vemos en los semáforos limpiando parabrisas y realizando piruetas circenses, pero es muy difícil para un padre que tiene todo para ofrecer a sus hijos, digerir esta realidad, por eso en vez de emitir nuevas ideas, prefieren un gobierno que pensó que sembrando el miedo podría arreglar la cosa. Hay mucho por hacer, sí se puede porque los recursos están, pero los resultados siguen siendo fantasmas.

Están muy bien las diferencias de pensamiento, eso nos hace seres sociales, pero me parece una canallada las discusiones sin criterio.  Para participar en un debate lo mínimo que se requiere son dos detalles infaltables: conocer la historia del hecho y tener juicios. ¡Que Uribe es mejor o peor!, ¡que a Santos le faltan pantalones y no sirve para nada! son los gritos de un país dividido pero sobretodo desenfocado que conoce la existencia de una olla podrida, pero prefiere cubrirse la nariz para no sentir su olor y poder agarrar tajada de su contenido.

Este Paro agrícola era muy necesario y mi convencimiento se solidificó aún más cuando vi el documental “9.70” que ha causado polémica por mostrar cómo unos funcionarios del ICA destruyen 62 toneladas de semillas de arroz en Campoalegre en el Huila por ser ésta una pepa no certificada, yendo en contracorriente con una costumbre ancestral practicada por nuestros campesinos, quienes a su vez culpan al TLC con EE.UU y Europa. ¿Se justifica haberlo destruido en vez de regalar este grano? En el mundo agrícola, existe la semilla certificada y la criolla, con ésta última no había pasado nada hasta que se consolidó la normativa 970 desde el 2010, que la cataloga de ilegal creando una guerra entre campesinos y las multinacionales. Los campesinos son sagrados, de ellos depende que nuestra despensa esté llena.

Es necesario el exorcismo, Colombia reclama ideas renovadoras, verdaderos líderes escogidos por un pueblo consciente y agresivo en defensa de su pensamiento. Nos viene bien leer la Constitución Política de Colombia, los inicios del conflicto armado, estudiar el pensamiento de los mejores estrategas políticos que ha tenido el país, la mayoría asesinados. Es eso, o seguir sumergidos en el mundo de “Alicia en el país de las maravillas”.