jueves, 14 de noviembre de 2013

EL CUARTO PODER



En mi época de estudiante de Comunicación Social hace 13 años, cuando empecé a dar valor al conocimiento que me enfundaban mis profesores, grandes todos y merecedores de una calidad humana y profesional incalculable, por mencionar algunos a Jorge Peñaloza, Jaime De La Hoz y Germán Hennessey con los que he tenido el honor de compartir escenario laboral, la perspectiva que teníamos frente a los medios de comunicación era muy diferente a la que tenemos hoy día. En ese año (2000) iniciaba mis pininos en el Canal Regional Telecaribe y aún no conocía muchos detalles del medio. Experimenté en la presentación y me di cuenta que los más bellos reinaban en el set de TV., luego en la reportería donde descubrí que el verdadero periodismo está en la calle, más adelante encontré en la escritura mi fuente máxima de expresión y la mejor forma de perfeccionar la afinación de pluma y sentido periodístico.

Ha pasado poco más de una década y todo ha cambiado de lugar y perfil, no es precisamente un cambio beneficioso y cada vez el detrimento es mayor. Hace 40 años por ejemplo, el periodismo se veía como un oficio de alto respeto y dignidad que se jugaba entre escenarios intelectuales y políticos, la ejercían personas, empíricas o no, con mentes brillantes y actitudes correctas. El cuarto poder, llamado así precisamente por la influencia que tiene la prensa en los diferentes temas mundiales, es un campo que se halla en perpetua expansión y donde la corrupción y la parcialidad han llegado.

En Colombia se ha constituido en práctica de algunos medios de comunicación la pérdida de objetividad de la información, entre tanta competencia por agarrar primero la chiva periodística se pierde el rumbo real de la noticia. Hay de donde ver, leer y escuchar, y sucede que lo que dice un medio no es lo mismo que confirma el otro, y ni hablar del enfoque. Hay que destacar que la objetividad de la información es inexistente, pero es la pretensión de los espectadores, quienes se refugian en la prensa para conocer la verdad de un hecho. La política y sus actores influyen en gran medida en esta situación, que en su afán por alcanzar el poder, hacen uso de profesionales de la prensa para adoptar el mejor perfil frente a los medios.

La formación del periodismo colombiano es bien visto en el exterior, prueba de ello los numerosos comunicadores que triunfan en medios mundiales. Las facultades de este oficio en el país gradúan anualmente 4.500 comunicadores, y el mercado laboral no absorbe suficientemente a los egresados, la plaza es cada vez más escasa y competida, pero no porque no haya donde trabajar, sino porque el sartén del mercado periodístico lo tienen unos pocos agarrado por el mango. No basta ya con tener el título y ser bueno en el oficio, es importante ser amigo del más poderoso y hasta tener una cara bonita.

Siguiendo con el tema de la objetividad, la revolución de los medios ofrece un modelo cultural uniformado con la visión de quien hace la noticia. El vestuario, el dialecto, la música, qué ver y qué oír ya no es decisión nuestra, es un molde impuesto también por la prensa que tiene relación con la parcialidad como marco de referencia de qué se debe o no difundir. La pantalla del televisor muchas veces nos muestra historias erróneas y mal contadas brindando un panorama que dista de la realidad. Pero ese es el periodismo de hoy, uno que cualquier anónimo puede hacer; esa realidad maquillada es la que conoce el resto de la humanidad.

El periodismo es una actividad sumamente delicada, requiere de un alto sentido de la ética y una formación que nunca termina, se necesitan profesionales con agallas que conozcan e identifiquen la diferencia entre hacer periodismo por ideales o por negocio. O como dice Kapuscinski “si antes la prensa tenía como fin reflejar el mundo, ahora los grandes medios se limitan a reflejar su mundo compitiendo entre ellos. Ya no interesa tanto lo que sucede afuera, sino que los demás no se adelanten, que no publiquen algo que ellos no tienen.”