miércoles, 10 de julio de 2013

POR UNA TELEVISIÓN MÁS PROPOSITIVA



No sé qué pasa por la mente de los productores de televisión en este país, ¿será que en Colombia se acabaron las ideas? Denota mucho ingenio el hecho de tomar la vida de un personaje que ha marcado la historia de una nación y llevarla a la pantalla chica o la grande o la mediana, la que sea, en fin, y mostrarla con la mayor imparcialidad posible desde todas las perspectivas; estoy segura, y no quiero parecer egoísta, pero es que he tenido la oportunidad de hablar con muchas personas, de lo embotado que tienen los sentidos los televidentes, frente a los temas que giran en torno de las nuevas series y telenovelas de los canales nacionales de este país. No quiero demeritar el trabajo que sin duda es excelente y lleno de profesionalismo, notándose la tecnología de punta que está siendo utilizada, aun cuando se le puede dar mejor provecho.

Hace unos días me senté a conversar con una mujer de 70 años, conocedora de la vida, nuestro tema de charla dista de aquello que apunto en este escrito, cuando de pronto sin querer queriendo me mete el dedo en la llaga. Sí, su nieto de 13 años sueña con ser un capo de la mafia del narcotráfico, manejar vehículos de altísima gama y andar con mujeres “buenonas” con curvas notorias y protuberantes. Ipso facto saltamos a lo que yo llamo “el pan de cada día”.
En la mañana encendemos el televisor y no existe propuesta diferente a la de ver tres presentadores hablando de las producciones que se emiten en los horarios nocturnos, y peor aún, tratando los capítulos ya pasados. En las tardes tenemos a nuestra vista un buffet completo de enlatados extranjeros que sabrá Dios en qué época fueron emitidos en sus países de origen. Y no faltaba más los reality que se apoderan de la más amplia sintonía, cuyo contenido es un compendio de improperios hacia sus mismos compañeros de aventura donde la intolerancia se abre camino cada emisión.

En Colombia, un país donde hemos saboreado  los ingredientes principales de la guerra: la corrupción, el egoísmo, la desigualdad, la mentira, la burla… y la lista sigue, necesitamos oxigenar la mente, la prostitución y el narcotráfico no es lo único que sabemos hacer. Qué pasó con la vida de Gabriel García Márquez, Carlos “el pibe” Valderrama, Jorge Eliécer Gaitán, Manuel Elkin Patarroyo, y la lista continúa, personajes que han cambiado positivamente nuestra historia  cuyas vidas merecen ser contadas. Y qué decir de la publicidad, constante y pedante, burbujeante de erotismo y sexualidad… porque es que nada tiene que ver una paleta de chocolate con los labios rojos y carnosos de una mujer contoneando su lengua a la máxima expresión.

En el mundo contemporáneo tener medios de comunicación es tener poder, ya los jefes no preguntan si la historia que se cuenta es verdadera, interesa más el hecho de que se venda. Y como diría mi estimado Ryszard Kapuscinski “ahora que la información es una mercancía bajo las leyes del mercado… hoy el soldado de nuestro oficio no investiga en la búsqueda de la verdad, sino con el fin de hallar acontecimientos sensacionales…”

Dejo abierta la puerta a la reflexión, es calidad no cantidad. Nuestros jóvenes tienen sed de una televisión más propositiva, inspiradora, que invite al ejemplo, los grandes maestros deben ser los mismos medios de comunicación con una alta responsabilidad social, y no como muchos piensan, que mostrando lo que se vende es como se hace el mejor trabajo. Ideas señores, las necesitamos y urgente.